martes, 25 de Julio de 2017
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El convento de San Maximiliano Mª Kolbe

Via di San Teodoro, 42; 00186 Roma (Italia); tel. centr.: +39 06.69766401; fax: +39 06.69766433

 

Centro histórico de Roma, en la zona antiguamente dedicada al mercado bobino entre el Capitolio y el Palatino. Son las coordenadas para buscar en un plano de Roma el Convento dedicado a S. Maximiliano Mª Kolbe, donde el santo vivió sus años de juventud y, con algunos compañeros, fundó el movimiento mariano de la “Milicia de la Inmaculada”.

En el primer piso, junto a la capilla de la comunidad, se conserva la habitación en la que vivió el P. Kolbe durante su estancia en Roma y en la que fundó la Milicia de la Inmaculada. Tal habitación, junto con el salón, constituyen un “pequeño santuario kolbiano” atendido por los hermanos y otras personas del Centro Internacional M. I. En este salón se ha creado recientemente una exposición multimedia dedicada al Santo, a su formación en Roma y a la fundación de la M. I.

A día de hoy, la comunidad está formada por dieciséis religiosos. Su trabaja, conforme al presente organigrama del gobierno de la Orden, cada uno en su respectivo despacho conventual. Aquí se halla el Centro Internacional de la M. I., el Secretariado General para la Formación (SGF), el Secretariado General para la Animación Misionera (SGAM) y el Secretariado General para Justicia, Paz y Salvaguarda de la Creación (GPSC). También viven aquí el Asistente General de la OFS y el Coordinador del Comité Ejecutivo de la Revisión de las Constituciones (CERC), que actualmente es el Guardián del convento. Trabajar con él fray Bernardo Commodi, fray Víctor Mora, fray Zbigniew Kopeć e fray Timothy Kulbicki. Por su significado eclesial para la Orden, no podemos olvidar a fr. Zdzisław Kijas, Relator en la Congregación para la Causa de los Santos, ni a fr. Gianni Huang, que sirve a la Iglesia en la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, concretamente de la China. Los frailes también ayudan como confesores en la Basílica de los Santos XII Apóstoles, la asistencia pastoral a algunas parroquias, la asistencia espiritual a algunas fraternidades de la OFS y como capellanes de las Hermanas de S. José, vecinas nuestras, un servicio con siglos de tradición, en el que colaboró el joven sacerdote Maximiliano Kolbe, y que ha sido retomado al fundarse esta comunidad generalicia.

 

 

Por su composición (un chino, un costarricense, un ghanés tres indios, tres italianos, cinco polacos, un rumano y un español) y por su proyección apostólica, es una comunidad internacional abierta al mundo en la que, como rasgos más significativos, podemos señalar la “itinerancia” y la “colaboración”. Casi todos los hermanos deben trabajar en equipo, no sólo por motivos comunitarios, sino por los objetivos y los criterios de acción propios de cada grupo operativo; además están preparados para ir por todo el mundo a encontrar y servir, cada uno según su tarea, a los hermanos y a la Iglesia allí donde el Señor ha querido que nuestra Orden esté presente. Desde el primer Capítulo Conventual, recién fundada la comunidad, de acuerdo con estos rasgos específicos, y teniendo en cuenta los periodos de reunión del Definitorio General, decidimos reunirnos en comunión fraterna, visible y tangible, de mesa y de oración comunitaria en los llamados “días de la comunidad”. Son diez días en los que vivimos la experiencia del encuentro, a menudo tras largas ausencias, en jornadas de formación, de retiro espiritual, de capítulo conventual, en un intercambio sereno y gozoso de información y de experiencias. Se trata de días esperados por todos y a los que somos fieles, pese a las obligaciones del trabajo. Y cuando los hermanos recorren en misión los distintos continentes, les seguimos con el afecto y la oración diaria, gozando de la información constante de sus actividades a través del teléfono o por email.

La experiencia comunitaria que estamos viviendo nos ayuda a comprender el valor de lo cotidiano vivido en comunión franciscana. Cada día es una ocasión para aprender algo nuevo, para reflexionar sobre el proceder de nuestra vida franciscana. Cada día es tiempo del Señor que nos llama a seguir acogiéndonos recíprocamente, en la comprensión de las diferencias, en las que se expresa nuestra comunión, y a abrir el corazón a los necesitados de salvación cristiana que el mundo pone al alcance de la comunidad en la vida y en la actividad de cada hermano. Por todo esto, cada día es tiempo de acción de gracias al Señor, una actitud en la que, por ser de todos apreciada, queremos forjar nuestra vida comunitaria.

Fr. Valentín Redondo OFMConv, Guardián
Octubre 2016

 

 
s. Massimiliano

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