El 19 de marzo de 2026, Solemnidad de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María, cuatro novicios de la Custodia provincial de la Inmaculada Concepción y del Beato Buenaventura de Potenza en Filipinas emitieron la primera profesión de los votos.

Los neo profesos son: Fray Rocco Gil M. ACAYEN, Fray Carlo Arnel M. TAGULALAP, Fray James John Glen M. GALVEZ y Fray Louis Ivanh Lloyd M. CRUZ. Emitieron los votos en manos del Custodio provincial, Fray Dennis M. VARGAS, en el Convento de San José en Tagaytay City, Filipinas. Ese mismo día, dos Hermanos profesos simples renovaron sus votos por un año: Fray Charbel Emmanuel M. ARARACAP y Fray Giovanni Vincent Kevin M. ELEMOS.
En su homilía, el Custodio provincial reflexionó sobre las palabras del Evangelio: ‘María y José no comprendieron a Jesús’. Tenían preguntas, estaban confundidos y, sin embargo, su vida, su relación y sus responsabilidades continuaron. Así sucede también en nuestra vida: hay momentos en los que no comprendemos lo que Dios está realizando en nuestra familia, en nuestro trabajo o en nuestras dificultades. Oramos, pero no recibimos una respuesta clara; buscamos ser fieles, pero el camino delante de nosotros permanece incierto. Con frecuencia decimos: ‘Señor, explícamelo y te seguiré’ o ‘Dame claridad y me comprometeré’. Sin embargo, el Evangelio nos enseña silenciosamente lo contrario: primero el compromiso, después la comprensión.
San José no comprendió plenamente todo lo referente al Hijo que le fue confiado, Jesús, y aun así no dejó de ser para Él un padre. No se apartó, sino que continuó amándolo y protegiéndolo, cumpliendo su deber en el silencio y en la vida cotidiana, sin necesidad de explicaciones completas. Este es el modelo de la fe: no la claridad que precede, sino la confianza.
Esto resulta particularmente significativo para los Hermanos que hoy profesan los consejos evangélicos —obediencia, pobreza y castidad—, los cuales no se comprenden plenamente al inicio. La obediencia se aprende cuando la propia voluntad es puesta a prueba y se permanece fiel; la pobreza se aprende en los momentos de carencia, cuando se descubre que Cristo basta; la castidad se comprende cuando el amor deja de ser gratificación personal y se convierte en don libre de sí, cuando se cuida auténticamente de los demás sin poseerlos ni dejarse poseer, y el corazón se vuelve indiviso, capaz de amar a muchos porque pertenece ya completamente a Cristo. También la fraternidad se comprende cuando vivir con los propios Hermanos se vuelve difícil y se elige permanecer. La comprensión llega después, si se permanece, se persevera y se es fiel.

Oficina custodial para las Comunicaciones y la Evangelización.