{"id":27916,"date":"2020-10-02T08:10:25","date_gmt":"2020-10-02T06:10:25","guid":{"rendered":"https:\/\/ofmconv.net\/?p=27916"},"modified":"2020-10-01T18:29:20","modified_gmt":"2020-10-01T16:29:20","slug":"ministro-generale-saluto-e-riflessione-in-occasione-della-solennita-di-san-francesco-dassisi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ofmconv.net\/es\/ministro-generale-saluto-e-riflessione-in-occasione-della-solennita-di-san-francesco-dassisi\/","title":{"rendered":"Ministro general: Saludo y reflexi\u00f3n con ocasi\u00f3n de la Solemnidad de San Francisco de As\u00eds"},"content":{"rendered":"<p><strong>Queridos hermanos, en esta Solemnidad hago llegar mis saludos a cada uno de ustedes, dese\u00e1ndoles, desde el inicio de esta carta, una bella y renovadora celebraci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>Como sabemos, \u201c<em>Hermanos todos<\/em>\u201d&nbsp;es el t\u00edtulo de la Enc\u00edclica&nbsp;sobre la Fraternidad y la Amistad social, que el Papa Francisco ofrece al mundo en estos d\u00edas; t\u00edtulo inspirado en los Escritos del Ser\u00e1fico Padre: \u201c<em>Miremos, hermanos todos, al Buen pastor que sostuvo la pasi\u00f3n de la cruz para salvar a sus ovejas<\/em>\u201d (Adm 6, 1).<br \/>\nEsto me ha motivado a agregar a este saludo algunas reflexiones, para compartir mi punto de vista sobre un par de aspectos de nuestro carisma que considero muy importantes para renovar nuestra fidelidad al mismo.<br \/>\nAntes de ofrecerles mi reflexi\u00f3n, deseo de coraz\u00f3n expresarles todo mi afecto, aprecio y reconocimiento; asegurarles mi continua oraci\u00f3n por cada uno de ustedes. Hermanos, valoro much\u00edsimo lo que cada comunidad de la Orden ofrece a la Iglesia y al mundo.<br \/>\nDeseo tambi\u00e9n hacerme una vez m\u00e1s cercano a los hermanos y las comunidades que sufren a causa del virus (pandemia CoVid-19), de situaciones socio-pol\u00edticas adversas o por otros motivos.<br \/>\nLa reflexi\u00f3n gravita en torno a una <strong>gran amenaza<\/strong> contra la fraternidad: la actitud del \u201capoderarse\u201d o simplemente \u201cdel poder\u201d; y a una <strong>gran potencialidad<\/strong>: la gratuidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>\u201cNo ser\u00e1 as\u00ed entre los hermanos\u201d<br \/>\n<\/em><\/strong><strong>Cuando el poder se hace estilo de vida, hermen\u00e9utica y proyecto.<\/strong><\/p>\n<p><em>Igualmente, a este prop\u00f3sito, ninguno de los hermanos tenga potestad o dominio, y menos entre ellos. Pues, como dice el Se\u00f1or en el Evangelio, los pr\u00edncipes de los pueblos se ense\u00f1orean de ellos y los que son mayores ejercen el poder en ellos; no ser\u00e1 as\u00ed entre los hermanos (cfr. Mt 20,25 &#8211; 26); y todo el que quiera hacerse mayor entre ellos, sea su ministro y siervo, y el que es mayor entre ellos, h\u00e1gase como el menor (cfr. Lc 22,26).<\/em> (RnB V).<\/p>\n<p>Celebrar la figura del hermano de As\u00eds sin cuestionar nuestra propia vida, podr\u00eda llevarnos a una gran contradicci\u00f3n. Como suelo decir, nuestra realidad de hombres pecadores nos hace involuntariamente incoherentes. Pero, de lo que aqu\u00ed se trata, es de nuestro proyecto de vida y de los criterios reales que la conducen. Es importante, entonces, que releamos constantemente nuestra vida bajo la luz de Francisco de As\u00eds.<br \/>\nPara el \u201c<em>Poverello<\/em>\u201d, la fraternidad es directamente proporcional a la minoridad, e inversamente proporcional al poder-dominio. \u00c9l simplemente se identific\u00f3 con Jesucristo pobre y crucificado, y con los criterios del Evangelio. Admirando el anonadamiento del Hijo de Dios y la peque\u00f1ez de la Madre, Francisco sienta las bases de su minoridad radical. Fiel cumplidor del Evangelio, no s\u00f3lo admira, sino que asume como experiencia primordial la paternidad de Dios y la consecuente conciencia de la fraternidad universal all\u00ed generada. Experiencia simple, pero significativa, al punto de desencadenar una nueva visi\u00f3n de la realidad eclesial, de la sociedad con sus procesos hist\u00f3ricos, de la pol\u00edtica, de la econom\u00eda, de los medios de producci\u00f3n, etc. La clave de San Francisco es no ser se\u00f1ores, sino hermanos.<br \/>\nEn la experiencia franciscana, la palabra \u201chermanos\u201d no s\u00f3lo indica la realidad familiar de los religiosos, sino un modo de concebir el mundo, un modo de situarse en la historia. Por ello se vuelve una palabra inc\u00f3moda, tanto cuanto lo fue el mismo Jes\u00fas, quien, por su opci\u00f3n y mensaje, fue crucificado no principalmente en manos del imperio romano, cuanto del sistema clerical de los dirigentes de su mismo pueblo: sistema clerical que, acostumbrado al poder, rechazaba la salvaci\u00f3n, la novedad del Reino.<br \/>\nSan Francisco conoc\u00eda muy bien las contundentes palabras del Se\u00f1or:<em> no ser\u00e1 as\u00ed entre los hermanos <\/em>(cfr. Mt 20,25-26). La fraternidad fue constitutiva de la primera realidad eclesial. Jes\u00fas, con la entrega de s\u00ed mismo en la cruz, gener\u00f3 un pueblo de hermanos (Ef 2,11-18). Resucitado, el Se\u00f1or llama a sus disc\u00edpulos \u201chermanos\u201d (Jn 20,17), invita a todos a volver a nacer de lo alto (Jn 3,3), y da nuevo contenido a las relaciones entre hermanos (Mt 5,21-26), incluyendo la correcci\u00f3n fraterna (Mt 18,15ss).<br \/>\nA imagen del Evangelio, los llamados a integrar la fraternidad franciscana deben amarse mutuamente (RnB XI), considerarse como iguales y hermanos (RnB VI), testimoniarse respeto y honor (RnB VII), manifestarse con confianza sus necesidades (RB VI), servirse humildemente unos a otros (RnB VI), evitar las disputas, las murmuraciones, la c\u00f3lera y amarse de obra y no con palabras (RnB XI), utilizando la ternura (RnB IX; RB VI). Adem\u00e1s, la fraternidad crea un espacio de libertad en el que cada hermano desarrolla su propia personalidad seg\u00fan el Esp\u00edritu le inspire, consecuencia de la atm\u00f3sfera de libertad creativa que se respira: los hermanos podr\u00e1n desobedecer a sus ministros cuando \u00e9stos les llegasen a mandar algo contrario a nuestro g\u00e9nero de vida (RnB IV). Estos elementos est\u00e1n presentes en la descripci\u00f3n que de nuestra identidad carism\u00e1tica hacen las Constituciones generales, especialmente en los n\u00fameros 1 y 2.<br \/>\nLos historiadores del movimiento franciscano, nos recuerdan que el proyecto de vida iniciado por San Francisco recoge anhelos caracter\u00edsticos del pueblo medieval: la igualdad, el trabajo solidario y servicial, la vida fraterna, la pobreza compartida, el rechazo de la riqueza alienante. Paralelamente, la eclesiolog\u00eda de Francisco de As\u00eds es una eclesiolog\u00eda \u201csin potestades\u201d, pues para \u00e9l es claro que el poder de Dios se manifiesta en la fragilidad y en la minoridad, no en la superioridad o en el dominio.<br \/>\nJes\u00fas perfeccion\u00f3 el Antiguo Testamento, otorgando una gran magnanimidad al amor fraterno, a los \u201cd\u00e9biles\u201d de la historia, a los pobres, a los sufrientes. Una pobre viuda anciana, un paral\u00edtico, una pecadora, los ni\u00f1os, un ciego, un leproso, un pagano y hasta un soldado romano\u2026 pueden convertirse en sujetos privilegiados del Reino. As\u00ed tambi\u00e9n para los franciscanos: la potestad es concebida como servicio y como generadora de fraternidad.<br \/>\nHermanos, la fraternidad es un estilo de vida, un criterio transversal, un mensaje, un m\u00e9todo de vida, un testimonio de la presencia del Se\u00f1or y su Reino de Amor y Justicia. Huyamos de la tentaci\u00f3n de ser \u201cpr\u00edncipes\u201d, esto es, de ense\u00f1orearnos de nuestros espacios, de los hermanos, de los fieles, de los bienes materiales, del saber\u2026<br \/>\nHago un llamado especial a toda la Orden, especialmente a las nuevas Provincias o Custodias, a discernir la tentaci\u00f3n de dejarse seducir por alg\u00fan tipo de poder, como -por ejemplo- el buscar popularidad, o los propios beneficios, o el ir detr\u00e1s de cargos y de bienes, o de alimentar intrigas y campa\u00f1as pol\u00edticas por el gusto del poder, etc. Todo esto atenta contra la comunidad.<br \/>\nDetentar un ministerio, un cargo, una administraci\u00f3n, una c\u00e1tedra, etc., no nos hace due\u00f1os. Tampoco somos due\u00f1os de la cultura del otro ni de los \u201csaberes\u201d del otro: es m\u00e1s, lo nuestro es m\u00e1s bien buscar la escucha, el reconocimiento, la aceptaci\u00f3n, el respeto, pues somos disc\u00edpulos del Maestro y del Evangelio, y todos habitamos la misma casa, la casa com\u00fan.<br \/>\nTampoco somos due\u00f1os de lo \u201csagrado\u201d, ni de la liturgia, ni de la c\u00e1tedra del presbiterio. No pocas veces pareciera que algunos, en nuestro tiempo eclesial, revestidos de los ornamentos lit\u00fargicos, refieren un poder sagrado a s\u00ed mismos y no al Se\u00f1or; quienes en vez de \u201cdesaparecer\u201d tras los signos, m\u00e1s bien se apoyan en ellos para \u201caparecer\u201d. \u00a1Lejos de nosotros esta tentaci\u00f3n! El Papa Francisco ha dado amplio espacio a este tema cuando habla -entre otras cosas- de la \u201cmundanidad espiritual\u201d (EG 93-104).<br \/>\nA veces, nuestro mismo h\u00e1bito es usado no como signo, sino como \u201cinvestidura\u201d: quiz\u00e1s las personas muy sencillas puedan considerarlo as\u00ed, pues lo hacen para venerar al Se\u00f1or; en cambio, si nosotros mismos nos consideramos \u201cinvestidos\u201d, quiz\u00e1s estemos atentando contra el carisma y contra la misma cruz.<br \/>\nQue nuestra alegr\u00eda, como hombres de Iglesia, sea la sencillez. Que no sintamos otra potestad que la de poder hacernos cercanos a los humildes, a los perseguidos, a los simples, a los atribulados, a los enfermos, a los excluidos, a los piadosos de coraz\u00f3n, a los creyentes, a los j\u00f3venes y a los ancianos, a los inmigrantes y a los despose\u00eddos, a cada uno de los hermanos -incluso a los dif\u00edciles o molestos-, al Pueblo santo de Dios. \u00a1Que nuestro testimonio de hombres de servicio, ayude a generar en nuestro entorno un mundo cada vez m\u00e1s fraterno!<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Lo gratuito por sobre lo cuantificable<br \/>\n<\/em><\/strong><strong>La restituci\u00f3n gratuita como consecuencia de la fraternidad<br \/>\ny generadora de futuro.<\/strong><\/p>\n<p><em>Y devolvamos todos los bienes al Se\u00f1or Dios alt\u00edsimo y sumo, y reconozcamos que todos los bienes son de \u00e9l, y d\u00e9mosle gracias por todos a \u00e9l, de quien proceden todos los bienes. Y el mismo alt\u00edsimo y sumo, solo Dios verdadero, tenga y a \u00e9l se le tributen y \u00e9l reciba todos los honores y reverencias, todas las alabanzas y bendiciones, todas las gracias y gloria, de quien es todo bien, solo el cual es bueno (cfr. Lc 18,19).<\/em> (RnB XVII, 17-19).<\/p>\n<p>Una de las consecuencias de la \u201cfraternidad\u201d como criterio de pertenencia al mundo, es la gratuidad. El Papa Francisco ha insistido muchas veces en la necesidad de superar la misma concepci\u00f3n de solidaridad y justicia, con la de sobreabundancia y gratuidad. La justicia reclama lo \u201cdebido\u201d, la restituci\u00f3n la equidad. La sobreabundancia, en cambio, reclama la gratuidad del amor, que genera vida sobreabundante, como dice la misma Palabra, sin medida, fuera del c\u00e1lculo.<br \/>\nSan Francisco nos invita a restituir todos los bienes al Se\u00f1or y a vivir con gratitud. La gratitud se trasforma en gratuidad: ofrecer al mundo no s\u00f3lo cuanto es justo, sino cuanto pueda testimoniar la bondad del Se\u00f1or. El Padre Dios mostr\u00f3 hasta d\u00f3nde pudo llegar la generosidad divina: hasta darnos a su propio Hijo (Rm 8,32); \u00c9l es la verdadera <em>X\u00e1ris<\/em>, la gracia, la caridad sin medida, la generosidad sin l\u00edmite. Y si la gracia de Dios es la base de la redenci\u00f3n, es tambi\u00e9n la forma concreta de c\u00f3mo nosotros debemos vivir la caridad (cfr. Rm 12,6; Ef 6,7).<br \/>\nEl sentido de la gratuidad y el gusto por ella, son componentes de la tradici\u00f3n franciscana&#8230; Dios es &#8220;gratuito&#8221;: gratis nos regala a su Hijo (\u00a1no s\u00f3lo ni principalmente como consecuencia del pecado!). Gratis nos regala, en el Hijo, todas las cosas. Especialmente para nosotros franciscanos, el llamado es a ser sacramento de la gratuidad del amor de Dios, un mensaje para el sistema consumista que nos rodea.<br \/>\nEn su libro \u201cEl gemido de la creaci\u00f3n\u201d, nuestro hermano \u2020Giacomo Panteghini OFMConv, nos recordaba la actual crisis (en el sentido de fracaso) de la \u201craz\u00f3n anal\u00edtica\u201d, que \u201cdivide la realidad\u201d para poderla dominar, y la contrapone a la \u201craz\u00f3n simb\u00f3lica\u201d que, en cambio, \u201cgenera unidad y&nbsp; sentido\u201d: \u201c<em>la raz\u00f3n simb\u00f3lica no divide sino que une, lee la realidad como relaci\u00f3n, comuni\u00f3n, integraci\u00f3n; su fuerza est\u00e1 en la \u2018simpat\u00eda\u2019, la participaci\u00f3n, el amor\u2026 crea convivialidad, comunicaci\u00f3n entre todos los seres, sabiendo que todos estamos inmersos en una misma corriente de vida<\/em>\u201d.<br \/>\nDivisi\u00f3n, dominio, agresi\u00f3n, esclavizaci\u00f3n, explotaci\u00f3n: todo esto es fruto de aquella \u201craz\u00f3n\u201d anal\u00edtica, que ha llevado al ser humano a ubicarse de frente a la naturaleza para devastarla a propio beneficio y no inmersos en ella con sentimiento creatural. La \u201craz\u00f3n simb\u00f3lica\u201d -dice Panteghini- opera en sentido opuesto, encarrilando las relaciones sobre los andenes de la comunicaci\u00f3n y de la comuni\u00f3n. Lo mismo podemos decir sobre las relaciones entre las personas, los pueblos, las culturas. La \u201craz\u00f3n anal\u00edtica\u201d fundamenta una relaci\u00f3n de superioridad; la \u201craz\u00f3n simb\u00f3lica\u201d abre a la contemplaci\u00f3n del otro, a su aceptaci\u00f3n, a la integraci\u00f3n, a la relaci\u00f3n, a la sobreabundancia de posibilidades, pues reconoce que la realidad no es unidireccional sino inclusiva y \u201cpolis\u00e9mica\u201d.<br \/>\nHermanos, la \u201cgratuidad\u201d es un principio de Dios y nos invita a vivir en actitud de adoraci\u00f3n, de veneraci\u00f3n, de comuni\u00f3n, de fraternidad, de unidad\u2026 y no de dominio o de usufructo. Por lo general, las culturas originarias, nuestros ancestros, han vivido en continuidad con la creaci\u00f3n y no en contraposici\u00f3n a ella (en el sentido de explotaci\u00f3n sin medida). La gratuidad \u201cconfunde\u201d todos los sistemas que intentan s\u00f3lo poseer, acumular, consumir.<br \/>\nCiertamente, la gratuidad puede ser inc\u00f3moda para el mundo. Para nosotros, en cambio, es motivo de alegr\u00eda. Estoy seguro de que todos ustedes, mis hermanos, sienten m\u00e1s alegr\u00eda en dar que en recibir. La misi\u00f3n, el dejar las propias seguridades para \u201cir hacia\u201d, es uno de los m\u00e1s bellos gestos de generosidad, es decir, de gratuidad. Un misionero, antes de ser significativo por cuanto bien pueda hacer a los dem\u00e1s, lo es por el simple hecho de hacerse \u201cgratuito\u201d, es decir, \u201cofrecido\u201d, \u201centregado\u201d sin esperar nada a cambio.<br \/>\nLa gratuidad es signo de salud carism\u00e1tica franciscana, pues genera un mundo fraterno. Mirando un poco nuestra misma historia como Orden, resaltan los ejemplos de esta gratuidad. La generosidad ha llevado a muchos hermanos -por ejemplo- bajo ciertos reg\u00edmenes, a vivir d\u00e9cadas escondidos o presos, como la semilla, hasta que llegasen tiempos de libertad; a otros los ha llevado, en tiempos de dictaduras, a dar la propia vida en el martirio; a otros muchos, o a la mayor\u00eda, a ser fieles en la entrega en la vocaci\u00f3n recibida. Esta fiesta nos llama a reavivar en nosotros el ardor de la caridad, y a expresar tal ardor en la gratuidad creativa, creadora, generadora.<br \/>\nComo sabemos, la palabra \u201chermano\u201d o \u201chermana\u201d adquiere, en boca de San Francisco, la m\u00e1xima amplitud. No son hermanos o hermanas s\u00f3lo las personas, sino tambi\u00e9n cada una de las creaturas. El Pobre de As\u00eds descubre el mundo y la naturaleza para gloria de Dios, y as\u00ed anuncia la fraternidad y la reconciliaci\u00f3n universal. Las creaturas son huellas del Creador y tambi\u00e9n est\u00e1n al servicio del ser humano, pero no al servicio despiadado del lucro. Desgraciadamente, la visi\u00f3n mercantilista se nos ha hecho tan familiar, que corremos el riesgo de desentendernos de nuestra responsabilidad, tan bien descripta en la Enc\u00edclica <em>Laudato Si\u2019,<\/em> que el Papa Francisco nos regalara cinco a\u00f1os atr\u00e1s. La concepci\u00f3n mercantilista, el avasallamiento de la madre tierra con el fin de lucro, la instrumentalizaci\u00f3n, la dominaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, todo forma parte de nuestra preocupaci\u00f3n franciscana. Podemos preguntarnos si nuestro estilo de vida y nuestro compromiso, prestan esta voz prof\u00e9tica a un grito que clama veneraci\u00f3n a la obra de Dios, respeto a las creaturas y justicia ecol\u00f3gica.<br \/>\nTodos sabemos que en algunas de nuestras presencias como Orden, debemos reestructurarnos. Y la tentaci\u00f3n es la de \u201crestructurarnos\u201d pensando en \u201cconservarnos\u201d y protegernos. Es perfectamente entendible, pero considero que insuficiente. No es tiempo de pensar s\u00f3lo en \u201cconservarnos\u201d, sino que es tiempo de abrirnos y dar -incluso- de nuestra pobreza, en la esperanza de generar nuevos caminos, nuevas presencias, nuevos modos de vida, siempre m\u00e1s fieles al Evangelio y llenos de amor y creatividad.<br \/>\nLa gratuidad es un llamado dirigido a todos. Tambi\u00e9n las nuevas Provincias o Custodias deben crecer con la disposici\u00f3n a la gratuidad: crecer con la actitud de dar-se a s\u00ed mismos para el bien de los dem\u00e1s. El Se\u00f1or bendecir\u00e1 seguramente tal disposici\u00f3n.<br \/>\nComo familia franciscana y conventual, contamos con un espacio privilegiado en el cual poder crecer en generosidad y gratuidad: la comunidad. Cada comunidad conventual, custodial, provincial, si es cuidada con fidelidad, ser\u00e1 generadora de novedad de vida. Los invito a dar gracias a Dios por este don de nuestro carisma, y por los hermanos que -creyendo- la viven y ofrecen sus riquezas a la Iglesia y al mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Saludo<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Hermanos, una vez m\u00e1s expreso a ustedes todo mi afecto y el reconocimiento por cuanto cada uno de ustedes es y hace.<br \/>\nA la vez, los animo a gozarse a diario en nuestro carisma, que se muestra cada vez m\u00e1s actual. Fraternidad y gratuidad son parte de nuestra herencia; seamos acogedores en relaci\u00f3n a los hermanos y generosos en todo. La sobreabundancia de amor oblativo sea la l\u00f3gica de nuestra conciencia y el ritmo de nuestro coraz\u00f3n. Que nuestras comunidades vivan con criterio Eucar\u00edstico: bendiciendo al Se\u00f1or Dios por el \u201cpan\u201d que es la vida concreta, pero restituy\u00e9ndola a \u00c9l y a los hermanos a trav\u00e9s del don de nuestra entrega; esto es, \u201cparti\u00e9ndonos\u201d para que el mundo tenga vida en Jesucristo.<br \/>\nNo me resta m\u00e1s que saludarlos nuevamente y animarlos a seguir con alegr\u00eda y entusiasmo el camino del Se\u00f1or seg\u00fan el modo fraterno franciscano. San Francisco, el Pobre de As\u00eds, los acompa\u00f1e y gu\u00ede para bien de nuestra sociedad y de la Iglesia. El Se\u00f1or les prodigue toda bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Roma, 04 de octubre 2020, Solemnidad de San Francisco<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Fray Carlos A. Trovarelli<br \/>\n<em>Ministro general<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Queridos hermanos, en esta Solemnidad hago llegar mis saludos a cada uno de ustedes, dese\u00e1ndoles, desde el inicio de esta carta, una bella y renovadora celebraci\u00f3n. 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