Acción de gracias y camino compartido
En nombre de la Orden, elevo a Dios una profunda acción de gracias por estos 25 años de presencia, misión y servicio de los Hermanos Menores Conventuales (OFMConv) en tierra burkinesa. Al volver la mirada hacia el camino recorrido desde el día en que comenzó la misión, nuestro corazón se llena de asombro ante los buenos frutos que el Señor ha hecho germinar.

Este cuarto de siglo es fruto de decisiones fraternas e institucionales tomadas en nombre del Evangelio de Jesucristo, de la generosa disponibilidad de diversos Hermanos, de la fe y la confianza de tantas personas, Hermanos y laicos, y de una mirada abierta y capaz de abrir caminos de futuro.
Mi especial y profundo agradecimiento va a los primeros Hermanos llegados de la Provincia Santos Bernardino y Ángel en Italia [Abruzos] y de la Provincia Madre de Dios Inmaculada en Polonia [Varsovia], quienes, con valentía evangélica y capacidad de adaptación, sembraron la primera semilla. Hoy aquella pequeña semilla se ha convertido en un árbol todavía joven, pero vigoroso, enriquecido por numerosas vocaciones locales y por otras procedentes de los países francófonos vecinos, claro signo de la vitalidad del Evangelio.
En este tiempo de celebración deseo expresar mi sincero agradecimiento por la extraordinaria calidad humana que distingue a nuestros Hermanos y a la población local que acoge la misión y el servicio de evangelización. Es bien sabido que el propio nombre del país encierra un profundo significado: una tierra de hombres íntegros, de un pueblo de espíritu noble y recto.
Nuestros Hermanos y el pueblo de Burkina Faso hacen plenamente honor a esta herencia de integridad. A lo largo de estos 25 años, la Orden ha podido contemplar con admiración la belleza de esta cultura, cimentada en valores profundamente afines al Evangelio: la tolerancia y la convivencia pacífica, la laboriosidad y la resiliencia, y un fuerte sentido de comunidad.
Por lo que he podido ver y comprender, en una región marcada con frecuencia por las tensiones, la gente conserva una extraordinaria capacidad para mantener sólidos sus vínculos sociales y preservar su dignidad. Además, en el corazón del Sahel, esa extensa franja de transición situada en el límite meridional del Sahara, en una tierra geográficamente desfavorecida y que afronta difíciles desafíos económicos y geopolíticos, descubro, a través del testimonio de los Hermanos de la Delegación OFMConv, una profunda ética del trabajo y la entereza de quienes no se dejan vencer por la adversidad. Finalmente, aprecio mucho en la cultura local el deseo de las personas de no caminar solas, sino de apoyarse mutuamente y escucharse unas a otras. Todos estos son rasgos profundamente cercanos al carisma franciscano.
Al dar gracias al Señor por el bien realizado por las Provincias de Varsovia y de los Abruzos —esta última, actualmente Provincia italiana San José de Cupertino [Abruzos-Molise-Apulia]—, confío a Él el futuro de nuestra presencia en Burkina Faso. Que la Virgen María y nuestro Padre San Francisco continúen guiando los pasos de los Hermanos polacos, italianos, locales y de cualquier procedencia, para que, junto con el querido pueblo burkinés, sigan siendo instrumentos de paz, esperanza y fraternidad universal.

Fray Carlos A. TROVARELLI
Ministro general OFMConv