Del 14 al 26 de octubre de 2025 acompañé a cuatro Hermanos provenientes de Filipinas en la peregrinación de Formación Permanente “San Buenaventura”, que tuvo lugar en Roma, Greccio, Asís, el Alverna y Siena.

Estos cuatro Hermanos —Fray Christopher BAPTISTA, Fray Miguel SUMAGAYSAY, Fray Bernard ANUTA y Fray Odorico LAORENO— recorrieron medio mundo para tocar las fuentes de nuestra identidad franciscana, en este Jubileo de la Esperanza y en el 800 aniversario de la composición del Cántico de las Creaturas.
No fue un viaje turístico, sino un encuentro.

Cada día se sostenía sobre tres pilares:

  • la Palabra de Dios proclamada en el altar,
  • los lugares concretos donde Francisco vivió y actuó,
  • y la fraternidad sincera, compartiendo lo que cada lugar despertaba en el corazón.

En Roma atravesamos la Puerta Santa de las Basílicas Mayores y celebramos la Eucaristía en la Basílica de los Santos XII Apóstoles. Más tarde, rezamos ante la tumba de San Francisco en Asís. Visitamos Greccio, donde nació la primera representación del pesebre. Después de Asís, los Hermanos continuaron hacia el Alverna y Siena, guiados por Fray Alfred PARAMBAKATHU: allí permanecieron en oración, en el monte santo de los estigmas y en la ciudad donde Francisco hizo las paces con la Hermana Muerte.
Cada día nos sentábamos juntos como Hermanos. Los momentos más profundos no sucedieron en las grandes basílicas, sino en las conversaciones sencillas: en las plazas, en pequeñas capillas, durante la homilía compartida. Los Hermanos hablaban de las personas a las que sirven en Filipinas, de sus alegrías y de las dificultades del ministerio.
Era evidente que no se trataba solo de visitar los lugares de Francisco, sino de dejar que Francisco visitara los suyos. Lo que más me tocó fue su deseo de regresar a casa no llenos, sino lo bastante vacíos para que Dios pudiera volver a construir dentro de ellos. No buscaban ideas nuevas ni herramientas, sino un corazón renovado.
Este es, en el fondo, el fruto de una verdadera peregrinación franciscana: no volver con recuerdos materiales, sino con Hermanos.
Ahora que estos cuatro Hermanos regresan a sus comunidades en Filipinas, llevan consigo algo que no se puede medir ni fotografiar con facilidad: el fuego silencioso de la fraternidad, el mismo que un día calentó Greccio, el Alverna y Asís.
Que ese fuego arda ahora también en las comunidades del Pacífico, con la misma luz que un día despuntó en Umbría.

Fray Michael LASKY.