Del 27 al 30 de noviembre de 2025, el Papa León XIV visitó Turquía y posteriormente viajó al Líbano. Yo tuve la oportunidad de participar en la parte turca del recorrido. No describo aquí el desarrollo de los distintos encuentros ni comento los discursos, declaraciones u homilías; esa información ya circula ampliamente. Prefiero situar mi reflexión dentro del horizonte franciscano.
Para comenzar, los franciscanos conventuales —en Turquía hay tres comunidades: dos en Estambul y una en Izmir; además, el Arzobispo de Izmir, Mons. Martin KMETEC, es franciscano conventual— estuvieron extraordinariamente presentes y comprometidos en los aspectos religiosos de la visita. Desde el trabajo organizativo y logístico, pasando por una actividad litúrgica realmente notable, hasta la sencilla pero elocuente presencia de los Hermanos. Uno de los Cardenales incluso bromeó diciendo algo parecido a: ‘Mires donde mires, hay conventuales… ¡una maravilla!’. No menciono aquí los nombres y servicios concretos de cada Hermano, para no arriesgarme a dejar a alguien fuera. Sólo subrayo un detalle litúrgico significativo: el altar en el que el Papa celebró la Eucaristía el sábado 29 de noviembre provenía de nuestra iglesia de la Natividad de la Virgen María en Büyükdere.
Un segundo aspecto: uno de los temas que el Papa abordó —especialmente durante la visita a la Catedral del Espíritu Santo en Estambul— fue la condición de minoría. En cierto sentido, es un tema que dialoga de manera natural con la idea franciscana de minoritas. Una frase del Papa se me quedó grabada: ‘Cuando miramos con los ojos de Dios, descubrimos que Él mismo eligió el camino de la pequeñez’. Y citando a Lucas: ‘No temas, pequeño rebaño, porque a su Padre le ha parecido bien darles el Reino’ (Lc 12,32), León XIV afirmó que ‘la lógica de la pequeñez es la verdadera fuerza de la Iglesia’. Así es exactamente el trabajo de nuestros Hermanos en Turquía: discreto, fiel, perseverante.
Un tercer punto: al hablar del diálogo entre cristianos, sobre todo en un contexto marcado por la diversidad de sensibilidades, espiritualidades y culturas, el Papa dejó entrever una invitación a la humildad dirigida a todos. También en esto asoma un rasgo profundamente franciscano. Permítaseme una breve nota histórica, que en sí misma refleja una lección sobre la humildad… o sobre su ausencia.
Estambul —antes Bizancio y luego Constantinopla— ha sido escenario de transformaciones radicales y uno de los grandes focos del desarrollo del cristianismo. En el año 330, el emperador Constantino la eligió como su capital, que más tarde se convertiría en la capital del Imperio Romano. En 395, bajo Teodosio, Constantinopla era ya capital del Imperio Bizantino, cuando el cristianismo pasó a ser religión de Estado. En 1204, los cruzados de la IV Cruzada saquearon la ciudad y fundaron el efímero Imperio Latino. Y en 1453 la ciudad cayó en manos de los musulmanes. ¿Sabía entonces Mehmed II, llamado el Conquistador, que ponía fin de manera definitiva a aquel poderoso imperio cristiano?
Hay un detalle que me sigue llamando la atención: en ninguna calle de Estambul —salvo en nuestra iglesia de San Antonio y en la Catedral católica— apareció aviso alguno sobre la visita del Papa. Toda una lección para nosotros: la estabilidad y el florecimiento de la vida espiritual no dependen del poder político, sino de la confianza en Dios y la fidelidad a Él, para lo cual la humildad resulta indispensable.
Por eso, en este momento, el único camino posible para el diálogo religioso en Turquía pasa por el diálogo ecuménico. Lamentablemente, incluso este ámbito arrastra todavía episodios históricos donde la fuerza tuvo demasiado protagonismo. No puede haber diálogo entre “vencedores” y “vencidos”, como ocurrió tantas veces en la relación entre Oriente y Occidente. El diálogo sólo es real cuando se da en un plano de igualdad. Según el Papa León XIV, en Turquía esa igualdad puede construirse a partir de la profesión de fe común, la oración y los sacramentos.
En cuanto a la relación con los musulmanes, aún es necesario crear modelos positivos de convivencia. Nuestros Hermanos, este “pequeño rebaño”, trabajan en un terreno complejo y exigente; por eso, encomendémoslos con mayor insistencia a nuestra oración, a nuestra cercanía y a nuestra solidaridad fraterna.
En lo personal, agradezco profundamente a mis Hermanos de Turquía por haberme permitido participar en estos días, por facilitar nuevos contactos y por abrirme a algunos proyectos que deseo asumir hacia adelante.
Fray Sławomir KLEIN
Delegado general para el Ecumenismo y Diálogo Interreligioso (EDI).








