El domingo 18 de enero de 2026, más de ochocientas personas participaron en Macomer, ciudad del centro de Cerdeña en la provincia de Nuoro, en la XXXIX Marcha por la Paz promovida por la Delegación regional de Caritas Cerdeña junto con el CSV Sardegna Solidale (Centro de Servicios para el Voluntariado), la Diócesis de Alghero-Bosa y el Ayuntamiento.
A partir de las 15:30 horas, desde la iglesia de la Beata Virgen María Reina de las Misiones, la comunidad recorrió las calles del centro en un clima de recogimiento y participación. Familias, jóvenes, sacerdotes, religiosos y religiosas, voluntarios, asociaciones, representantes de las instituciones civiles y del mundo educativo caminaron juntos para invocar y dar testimonio del deseo de paz.
El tema de la iniciativa –«La paz esté con todos ustedes. Hacia una paz desarmada y desarmante»– retoma el Mensaje del Papa León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz y acompañó toda la jornada de reflexión y oración.
La Marcha fue presidida por S.E. Mons. Mauro Maria MORFINO, Obispo de Alghero-Bosa. Junto a él estuvieron presentes S.E. Mons. Antonello MURA, Presidente de la Conferencia Episcopal Sarda, y S.E. Mons. Roberto CARBONI OFMConv, Arzobispo de Oristano y Obispo de Ales-Terralba, quien subrayó el valor de una perseverancia que nace del pueblo: «Es la voz de la gente la que se eleva como súplica a Dios por el don de la paz».
Numerosa fue también la participación de representantes de las instituciones civiles. El alcalde de Macomer, Riccardo UDA, expresó el deseo de que la ciudad pueda convertirse en portadora de un mensaje capaz de ir más allá de los confines de la isla, mientras que el presidente del Consejo regional, Piero COMANDINI, recordó que la paz es un valor que une más que cualquier pertenencia.
El recorrido concluyó en la iglesia de la Beata Virgen María Reina de las Misiones con una vigilia de oración presidida por el Cardenal Dominique Joseph MATHIEU OFMConv, Arzobispo de Teherán-Isfahán de los Latinos. Su testimonio, forjado en contextos marcados por el sufrimiento y el conflicto, ofreció palabras sobrias y profundas: «Estamos llamados a ser portadores de vida y de paz, creyendo que en cada persona hay algo bueno y hermoso».
Al evocar su experiencia en Irán y en el Líbano, el Cardenal recordó que la paz nace de pequeños gestos cotidianos y de presencias fieles, capaces de construir relaciones incluso allí donde todo parece frágil. Una invitación que resuena con el Evangelio: «Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9) y con la exhortación del Apóstol: «En cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos» (Rm 12,18).
La Marcha de Macomer se confirma así como un signo concreto de responsabilidad compartida: paso a paso, la comunidad sigue dando testimonio de que la paz no es un eslogan, sino un camino cotidiano de fraternidad, humildad y perseverancia.
Oficina General de Comunicaciones.










