Del 3 al 6 de febrero de 2026, la Parroquia de Santa Dorotea en Trastevere, Roma, celebró el triduo y la fiesta litúrgica dedicados a la virgen y mártir, figura de extraordinaria actualidad para la vida de la Iglesia de hoy. Días intensos de oración y meditación acompañaron a la comunidad parroquial en el redescubrimiento de la esperanza cristiana, vivida hasta las últimas consecuencias por la Santa.

Durante el triduo, predicado por Fray Michele PELLEGRINI OFMConv, las reflexiones pusieron de relieve una fe capaz de no apagarse ni siquiera ante la muerte y un testimonio de amor que continúa hablando a los corazones. Santa Dorotea no buscó el sufrimiento, pero no renunció a la causa por la que vivía: Cristo. Como recuerda san Agustín, no es la pena sufrida la que hace al mártir, sino la causa por la que se entrega la vida. Una lección que interpela también a los cristianos de hoy, llamados a no deslizarse en la indiferencia, a menudo señalada como la forma más insidiosa de persecución contemporánea.
Si los primeros mártires derramaron su sangre en los anfiteatros, hoy el desafío es distinto: no se pide el martirio cruento, sino la fidelidad cotidiana, lejos de la mediocridad y del compromiso fácil. El riesgo no es tanto morir por el Evangelio, sino vaciarlo, dejando espacio a la prisa, al cinismo y a la superficialidad.
Otra meditación abordó la fidelidad a Cristo hasta el final, entendida no como obstinación, sino como amor radical. El testimonio de Santa Dorotea evoca una fe vivida en las pequeñas decisiones diarias, capaz de reconocer a Jesús no sólo como gran maestro o profeta, sino como verdadero Hijo de Dios. Hoy, en la tierra de Santa Dorotea, en Capadocia, en la actual Turquía, donde por primera vez fuimos llamados cristianos, aquella Iglesia ha desaparecido. Una advertencia que atraviesa la historia: donde Cristo deja de ser reconocido y testimoniado, la comunidad cristiana se extingue.
Particularmente sugestiva fue la reflexión sobre el célebre episodio de las rosas y las manzanas. Antes del martirio, el juez Teófilo, burlándose de la Santa, le pidió que le enviara frutos y flores del jardín de su Esposo. Según la tradición, un ángel apareció llevando precisamente esos dones, en pleno invierno. Un signo que habla de un Dios capaz de hacer florecer la vida incluso en las estaciones más frías de la fe y que invita a cada uno a convertirse, en su propio ambiente de vida, en un pequeño signo del Paraíso.
El momento culminante de las celebraciones fue el día de la fiesta, viernes 6 de febrero de 2026, con la Santa Misa solemne presidida por S.E.R. el Arzobispo Vittorio VIOLA OFM, Secretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, junto al Párroco Fray Umberto FANFARILLO, a los Hermanos de la comunidad de Santiago Apóstol y a otros concelebrantes, en presencia de la Cofradía de Santa Dorotea y de San Antonio. Al término de la celebración, animada por el Coro Diocesano de Roma ‘Federcori’, se ofreció el tradicional ‘cesto’ de frutos y flores a los numerosos fieles presentes. En la homilía resonó la invitación a confiar en la intercesión de la Santa y a imitar su amor fiel, como la esposa del Cantar de los Cantares: ‘He encontrado al amado de mi corazón; lo he abrazado fuertemente y no lo dejaré jamás’.
La comunidad parroquial confía así su camino a Santa Dorotea, pidiendo llegar a ser una Iglesia viva y misionera, capaz de dar frutos de fe y de conducir a otros al encuentro con Cristo.

Fray Michele PELLEGRINI.