La última etapa de mi viaje por América Latina fue Bolivia, donde permanecí del 17 al 24 de agosto de 2026. Según una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística en 2001, aproximadamente el 78 % de la población era católica, el 16 % protestante o evangélica, el 3 % pertenecía a otras confesiones de origen cristiano y el 2,5 % no profesaba ninguna religión. (Según una estimación del Departamento de Estado de los Estados Unidos correspondiente a 2022, los católicos representaban aproximadamente el 70 % de la población, los protestantes evangélicos el 14,5 % y quienes no profesaban ninguna religión, el 6,6 %). Sin embargo, aunque los católicos constituyen la mayoría de la población, la situación de la Iglesia católica romana no es uniforme; la falta de sacerdotes en las zonas rurales ha favorecido el desarrollo de una forma particular de catolicismo popular, que une elementos de las creencias precolombinas con el cristianismo.
Las creencias y los ritos indígenas siguen vivos y son practicados por los pueblos quechua, guaraní, chiquitano, aimara y otros grupos. En las regiones montañosas de Bolivia y Perú son frecuentes los rituales tradicionales vinculados con Ekeko[1] (una «deidad» mitológico-folclórica de la abundancia y la prosperidad, vinculada a una tradición legendaria) y con la Pachamama[2] (figura de la Madre Tierra), conocida también en Chile, Perú, Ecuador y Colombia.
Quizás alguien recuerde lo ocurrido en 2019, cuando surgieron polémicas en torno a la Pachamama y al Papa Francisco durante el Sínodo para la Amazonía. Los representantes de los pueblos indígenas amazónicos, que acompañaban a los padres sinodales, llevaron consigo algunas estatuillas de la Pachamama y las colocaron en una capilla lateral de la iglesia de Santa Maria in Traspontina, cerca del Vaticano. Las estatuillas también estuvieron en el centro de una ceremonia celebrada en los Jardines Vaticanos antes del comienzo del Sínodo. Posteriormente se aclaró que los participantes en la oración no se habían inclinado ante las estatuillas de la Pachamama ni habían realizado ningún rito delante de ellas. Al intervenir durante la asamblea sinodal, el Papa recordó que «las estatuillas de la Pachamama fueron sacadas de la iglesia de Traspontina, donde estaban sin ninguna intención idolátrica, y fueron arrojadas al Tíber». Y añadió: «Ante todo, esto sucedió en Roma y, como obispo de la diócesis, pido perdón a las personas que se sintieron ofendidas por este gesto».
¿Se encontraron quizá los primeros misioneros franciscanos de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales en una situación similar? En 1976, tres Hermanos —Fray Jan KOSZEWSKI, Fray Szymon CHAPIŃSKI y Fray Rufin ORECKI— partieron hacia Montero, en la Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra, para responder a una urgente necesidad pastoral de la Iglesia local. Poco después nació la Custodia boliviana, y el Convento y la parroquia de Nuestra Señora de la Merced se convirtieron en el centro de la actividad misionera de los franciscanos conventuales, que comprendía la pastoral, la asistencia médica, la educación y el apoyo a las comunidades locales. Precisamente allí celebré la Liturgia de la Luz durante la Misa en el Espíritu de Asís y pronuncié mi primera homilía en lengua española. Los Hermanos del Convento de Montero pueden dar testimonio de que no prediqué herejías. Son: Fray Juan Carlos VARGAS CÁCERES (Custodio), Fray Rodolfo VARGAS NEGRETE (Guardián), Fray Oscar Modesto TÓRRES APAZA (párroco) y Fray Ronald Ramiro ARMIJO ZELADA, de Sucre.
Otra celebración en el Espíritu de Asís, celebrada en Santa Cruz, tuvo carácter ecuménico. Fue organizada por Mons. Stanisław DOWLASZEWICZ, nuestro Hermano, quien me había invitado y me acogió en Bolivia. En la oración participaron representantes de diversas confesiones cristianas, entre ellos coptos ortodoxos, anglicanos, metodistas y menonitas.
La última celebración en el Espíritu de Asís de carácter franciscano tuvo lugar en nuestra parroquia María Asunta, en Santa Cruz. Allí prestan su servicio los Hermanos Fray Jan KUKLA (Guardián) y Fray Carlos CATALÁN MELGAR. Entre los numerosos fieles presentes se encontraban hermanos y hermanas de la Tercera Orden, catequistas, monaguillos, monaguillas y jóvenes de la Juventud Franciscana.
También tuve la oportunidad de visitar el naciente centro de retiros espirituales «Jardín de la Inmaculada», situado en una zona pintoresca, a unos 70 km del Convento. Se puede encontrar más información sobre este lugar en el perfil oficial de Facebook.
Alguien dijo una vez que Bolivia es uno de los países más pobres del continente y, al mismo tiempo, uno de los más espirituales: con una cultura profundamente arraigada en las tradiciones de los pueblos indígenas, sensible a lo sagrado y, al mismo tiempo, abierta al Evangelio. En efecto, la cultura boliviana es extraordinariamente colorida y dinámica; también puede decirse que es profundamente religiosa. Como escribió Erich FROMM: «No ha habido cultura en el pasado y —al parecer— no podrá haber cultura en el futuro que no tenga una religión». La cultura desempeña un papel fundamental en la manera en que las personas comprenden y viven su propia religión. Los usos, las tradiciones, los valores y las normas de una determinada cultura pueden influir directamente en las convicciones religiosas de sus miembros.
A lo largo de la historia, las religiones han demostrado una extraordinaria capacidad para adaptarse a las distintas culturas en las que se han desarrollado. Este proceso puede comprender la integración de elementos culturales locales en las prácticas religiosas, la reinterpretación de los textos sagrados a la luz de la cultura predominante, así como la asimilación de fiestas y ritos característicos de una determinada cultura.
También el cristianismo, en sus primeras etapas de desarrollo, estuvo estrechamente vinculado a tres culturas: la semítica, la helénica y la romana, aunque, en su esencia, no está vinculado a una sola cultura. La actividad misionera de la Iglesia demuestra que el cristianismo sabe entrar en un diálogo fecundo con la cultura de cada pueblo.
Ante la diversidad cultural y religiosa del mundo contemporáneo, el diálogo intercultural e interreligioso se presenta como un instrumento fundamental para promover la comprensión mutua, el respeto de las diferencias y la convivencia pacífica entre personas de distintas tradiciones. Asimismo, contribuye al enriquecimiento espiritual de cada pueblo y de cada región en un mundo cada vez más globalizado.
Por eso, la Luz de Asís ha sido acogida con gran aceptación y alegría en América Latina.
Fray Sławomir KLEIN,
Delegado general para el Ecumenismo y el Diálogo Interreligioso (EDI).
[1] Para profundizar en la leyenda de Ekeko: https://www.boliviabella.com/legend-of-the-ekeko.html
[2] Artículo de profundización sobre el culto a la Pachamama: https://www.thearchaeologist.org/blog/the-worship-of-pachamama-the-earth-goddess-of-the-andes








