‘El Líbano es algo más que un país: es un mensaje…’ – escribió San Juan Pablo II en la Carta apostólica a todos los obispos de la Iglesia católica sobre la situación en el Líbano, n. 6 (7 de septiembre de 1989).

El Líbano es un país caracterizado por una notable diversidad religiosa. Entre los principales grupos se encuentran los musulmanes (suníes, chiíes y alauitas), los cristianos (maronitas, ortodoxos, católicos, armenios de ambas confesiones y coptos), además de los drusos. Cada comunidad posee sus propias tradiciones, prácticas e instituciones. La religión desempeña un papel fundamental en la vida cotidiana de los libaneses, influyendo en sus valores, convicciones y comportamientos sociales.
A pesar de estas diferencias, el país ha sido conocido por su tolerancia religiosa y el respeto recíproco entre los diversos grupos. Muchos libaneses se identifican tanto con su nacionalidad como con su pertenencia religiosa. Esta mezcla única de identidades es precisamente lo que hace del Líbano un lugar tan especial en Medio Oriente. Lamentablemente, los años recientes de guerras y conflictos, junto con la masiva migración desde Siria, han alterado esta armonía.
Tal vez por ello, durante su visita al Líbano en 2025, el Papa León XIV subrayó que, para que el país recupere su antiguo esplendor, es necesario «desarmar nuestros corazones, dejar caer las armaduras de nuestras cerrazones étnicas y políticas, abrir nuestras confesiones religiosas al encuentro mutuo, despertar en lo más profundo de nuestro ser el sueño de un Líbano unido, donde triunfen la paz y la justicia, donde todos puedan reconocerse hermanos y hermanas» (Homilía en Beirut, 2 de diciembre de 2025).
Quizá el Papa haya retomado la intuición del Patriarca maronita católico de Antioquía, Elias Boutros HOAYEK (1843-1931; precisamente junto a su estatua estoy sentado mientras escribo), quien afirmó: «Tanto los sentimientos nacionales como la religión te imponen el deber de respetar y amar a toda persona, independientemente de sus convicciones. La razón te exige fraternizar con la persona con la que vives bajo el mismo cielo y sobre la misma tierra». El 5 de julio de 2019, el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto sobre la heroicidad de sus virtudes, declarándolo Venerable Siervo de Dios.
Gracias a la amabilidad y hospitalidad de los Hermanos del Convento de San Antonio en Sin-El-Fil (Beirut), pude vivir el tiempo de Cuaresma y las fiestas de la Resurrección del Señor en el Líbano. La comunidad está compuesta por Fray Roger KOUYOUMDJI (guardián), Fray Jalil HADAYA, Fray Felician TAMAŞ, Fray Marian-Emanuel VÂTÂMÂNELU, Fray Gheorge-Vasile TAMAŞ y Farid KHOURY (postulante). Todos ellos, junto con sus colaboradores y feligreses, me brindaron una sincera disponibilidad y ayuda.
La ubicación del Convento merece una mención especial: se encuentra cerca de las iglesias maronitas de Al Sayed, Mar Elias, Santa Rita y de la Iglesia Copta Ortodoxa. Por ello, muchos cristianos de otros ritos y confesiones visitan nuestra iglesia y participan en la liturgia. A esta diversidad se suma la variedad de lenguas utilizadas en la oración y en los cantos. En cuanto a estos últimos, para mí la liturgia podría durar incluso dos horas… Me impresionó profundamente la afluencia de fieles durante todas las celebraciones de la Semana Santa y en la solemnidad de la Resurrección del Señor. Hacía mucho tiempo que no veía una iglesia llena «hasta el borde», con personas incluso de pie fuera de ella; dejando de lado, por supuesto, Asís.
Nuestros Hermanos, junto con un grupo de fieles (¡nadie pregunta cuál sea su pertenencia religiosa!), organizan cada semana un comedor para los pobres. Se prepara una comida caliente (dos platos) y otros alimentos para más de 250 personas. Es una forma concreta de diálogo ecuménico e interreligioso. Tuve la alegría de participar también en esta obra.
Durante mi estancia pude visitar varios lugares sagrados en los alrededores de Beirut: la estatua de Cristo Redentor de 26 metros en el Jabal Al-Salib («Montaña de la Cruz»), la basílica greco-melquita de San Pablo, el santuario mariano de Harissa (donde María esperó a Jesús durante su estancia en Tiro y Sidón) y la tumba de San Mar Abda. Tras las festividades realizamos, junto con Fray Felician y el postulante Farid, una peregrinación al santuario de San Charbel, de San Nimatullah Al-Hardini, del Beato Estefán Nehmé, de Santa Rebecca (Rafqa) Ar-Rayès y al monasterio de San Elías. Llama la atención la cercanía entre estos lugares. Describir las emociones que acompañan estas visitas es imposible; por eso las dejo en el ámbito de los recuerdos. Simplemente hay que vivirlas…
También tuve la oportunidad de encontrarme con el Vicario apostólico de Beirut, nuestro Hermano Mons. César ESSAYAN. Conversamos sobre la organización de un encuentro interreligioso con una oración por la paz en el marco de la iniciativa Espíritu de Asís. Dada la situación actual, es difícil fijar una fecha precisa, por lo que permanecemos en contacto.
Durante la liturgia de la Vigilia Pascual encendimos la lámpara, la Luz de Asís, que permanecerá en la iglesia de San Antonio. Fue inesperado, pero muy gozoso, el encuentro con las Hermanas clarisas recién llegadas al Líbano: Sor Gloria, Sor Celina, Sor Damiana, Sor Lucía y Sor María Gracia. Durante la Misa Crismal del Jueves Santo rezamos juntos en la iglesia de San José. Nos aseguraron su oración por el diálogo ecuménico e interreligioso y, con un apoyo así, ya no debo preocuparme por el escepticismo de algunas personas respecto a mi ministerio.
La fuerza de la oración, unida a la apertura al encuentro y al diálogo, puede hacer posible lo que a los ojos humanos parece imposible. Permanecen muy significativas las palabras del Papa León XIV pronunciadas durante su visita: «¡Líbano, levántate! ¡Sé morada de justicia y de fraternidad! ¡Sé profecía de paz para todo el Levante!’.

Fray Sławomir KLEIN.
Delegado general para el ecumenismo y el diálogo interreligioso (EDI).