¡Ochocientos treinta y cuatro! Ese es el número de hábitos que el franciscano conventual Fray Augustine KELLY ha confeccionado a lo largo de casi cincuenta años de servicio como sastre para su comunidad.

Fray Augustine, que ejerce su ministerio en el Santuario Nacional de San Maximiliano Kolbe en Marytown, en Libertyville, Illinois (EE.UU.), forma parte de una tradición de 800 años de confección manual de hábitos religiosos franciscanos.
La costura a mano de los hábitos religiosos ha sido en gran medida abandonada en muchas comunidades religiosas, hasta el punto de que Fray Augustine la define como un arte en vías de extinción. También en su propia comunidad es una de las pocas personas en Estados Unidos que confecciona hábitos religiosos a mano.
Hermanos Menores Conventuales de todo el mundo acuden a él —explicó—, y añadió: ‘Recibimos solicitudes de todas partes, especialmente de los Hermanos que atraviesan el país y se detienen en Marytown’.
Fray Augustine comparte sus conocimientos con un Hermano de Kenia, actualmente en año sabático en Marytown, que tiene la intención de confeccionar hábitos para sus Hermanos a su regreso a África.
‘Ningún Hermano sabe cómo confeccionar hábitos en África. No hay ninguno. Yo no he visto a ninguno’, afirmó el franciscano Bonifacio Nzioki MUIA. ‘Así que yo debería ser el primero. Creo que más Hermanos deberían saber hacerlo’.
Fray Augustine inició su trabajo como sastre con cierta experiencia previa. ‘Desde niño siempre me interesaron la costura, el vestuario y el teatro’, comentó. ‘Luego, cuando me convertí en monaguillo, me fascinaban mucho los ornamentos litúrgicos. Era un poco autodidacta’.
Cuando ingresó en la Orden, comenzó enseñando en una escuela secundaria. Más tarde, su Ministro provincial le preguntó si podía confeccionar hábitos. En aquel entonces, algunas religiosas los elaboraban para la comunidad.
Fray Augustine siempre ha tenido otros encargos además de la sastrería, como el de sacristán. ‘La sastrería siempre ha sido mi primer amor’, afirmó Fray Augustine, que vive en Marytown desde 1999.
Los hábitos franciscanos tienen la forma de la cruz, símbolo de la asunción de la crucifixión de Cristo. Esto remite a la forma del hábito que San Francisco vistió después de haber entregado su vida a Dios.
El hábito original de Francisco era muy sencillo. Hoy ya no lo es tanto.
‘Un hábito está compuesto por muchas piezas’, explicó Fray Augustine. ‘Me toma alrededor de diez horas hacer uno’.
Como muchas cosas en la vida de un franciscano, también la confección de un hábito implica la oración. ‘Cuando empiezo un hábito, ofrezco personalmente el trabajo y el tiempo por todas las intenciones del Hermano para quien estoy cosiendo’, señaló Fray Augustine. ‘Me hace sentir como si una parte de mí lo acompañara en su ministerio. Y los Hermanos lo saben’.
A lo largo de los años, las comunidades religiosas femeninas han confeccionado hábitos para los Hermanos en Estados Unidos, y probablemente por eso no muchos Hermanos han aprendido este oficio, explicó Fray Augustine.
‘Para mí, hay algo realmente hermoso en que el hábito haya sido confeccionado por alguien de la propia comunidad. Y los Hermanos me lo dicen’, añadió.
Aunque no es una exigencia de su comunidad, Fray Augustine viste su hábito en todo lugar al que va.
‘He tenido experiencias muy positivas al usar el hábito en público. A veces las personas simplemente se sienten fascinadas y atraídas; otras veces te dicen cosas un poco tontas porque no saben qué decir y quieren romper el hielo para poder hablar’, comentó.
Muchas personas le piden oraciones, y él se detiene y reza con ellas en ese mismo momento. Y si alguien lo observa con insistencia o se molesta por lo que su hábito representa, no le importa, porque hay un propósito más alto en juego. ‘Si por un breve momento la mente de alguien se eleva —no por mérito mío, sino por lo que represento—, se eleva de este mundo hacia algo un poco más espiritual, eso es algo bueno’.
Los hábitos religiosos conservan hoy el mismo significado especial que tenían en tiempos de San Francisco.
‘Somos cuerpo y alma. Lo que vestimos ciertamente representa algo, habla a algo. Y San Francisco quería vestir una túnica pobre para ser un hombre pobre, y así reflejar la vida de Nuestro Señor. Hoy resulta muy reconocible que pertenecemos a Dios’.

Extracto de ‘Chicago Catholic’,
periódico digital de la Arquidiócesis.