El 12 de febrero de 2026, en la iglesia parroquial del Sagrado Corazón de La Noce, en Palermo, se celebró una solemne liturgia en memoria del Venerable Fray Luigi LO VERDE, OFMConv, al cumplirse noventa y cuatro años de su fallecimiento.

En un templo colmado de fieles, los devotos del Venerable Fray Luigi rindieron homenaje a aquel muchacho que quería hacerse santo y cuya vida, tan breve, sigue interpelando a la Iglesia, que no siempre logra dialogar con los jóvenes. La celebración fue presidida por Fray Salvino PULIZZOTTO, Ministro provincial de la Provincia Italiana de la Inmaculada Concepción (Calabria y Sicilia).
Fray Luigi —Filippo, en el siglo— nació en Tebourba, Túnez, el 20 de diciembre de 1910, hijo de padres palermitanos que habían emigrado por motivos de trabajo. Regresó siendo niño a Palermo, donde creció en un ambiente profundamente religioso. Era inquieto, incluso travieso, pero pronto descubrió el gusto por la oración silenciosa. A los doce años anunció su decisión: quería hacerse fraile «para hacerme santo».
Ingresó entre los Hermanos conventuales en 1922, vistió el hábito el 21 de enero de 1923 y comenzó un camino marcado por el estudio, el fervor y también la enfermedad. Una oligohemia persistente lo acompañó durante los años de formación en Mussomeli, Montevago y Palermo. Nada, sin embargo, debilitó su deseo: «hacerme santo, gran santo». Emitió la profesión temporal el 8 de diciembre de 1927 y recibió la tonsura y las órdenes menores en 1931.
El 15 de octubre de 1931, mientras visitaba a sus padres, su estado se agravó definitivamente. Murió el 12 de febrero de 1932, con apenas veintiún años, susurrando: «¡Qué dulce es el paso hacia el Cielo!».
Desde el 16 de mayo de 1992, sus restos reposan en la iglesia del Sagrado Corazón de La Noce, en Palermo, en un sepulcro de mármol situado en la capilla de la Inmaculada, en el lado derecho de la nave, a los pies de la Virgen, junto a la sacristía. El 14 de junio de 2016 el Papa Francisco autorizó el decreto que lo declaró Venerable.
En la homilía, Fray Salvino recordó que la santidad no es cuestión de años, sino de intensidad. En un tiempo en que la Iglesia parece desconcertada ante los jóvenes, la figura de este muchacho del siglo XX habla con una actualidad sorprendente: inquieto, interiormente luchador, frágil de cuerpo pero firme de espíritu. No fue un héroe de mármol, sino un joven de veinte años con el corazón encendido que decidió apostarlo todo por Cristo. Quizá eso explicaba la iglesia llena: la nostalgia de una fe vivida sin medias tintas. Porque Fray Luigi no fundó obras, no escribió tratados, no alcanzó a ser sacerdote. Hizo algo más: tomó en serio el deseo de Dios. Y Palermo, noventa y cuatro años después, sigue recordándolo.

Davide ROMANO, aspirante.