Del 8 al 12 de febrero de 2026, los once Hermanos de la Delegación portuguesa se reunieron en Fátima para el retiro anual. Estuvieron presentes los Hermanos de las comunidades de Coimbra y Lisboa, entre ellos también Fray Emmanuel SOR, llegado recientemente desde Ghana para incorporarse a nuestra realidad.

Estos días coincidieron con un período particularmente difícil para Portugal. Fuertes tormentas y lluvias persistentes afectaron diversas regiones del país, provocando inundaciones y daños importantes, especialmente en la zona central. Incluso durante el retiro, la lluvia caía sin cesar, y esta situación entró de manera natural en nuestra oración.
No se trató de un alejamiento de la realidad, sino de una manera distinta de habitarla, llevándola delante del Señor. Las dificultades de las familias afectadas, las preocupaciones de las personas que encontramos diariamente en las parroquias, la situación de los enfermos y de quienes viven en fragilidad encontraron lugar en nuestra intercesión. Así, el retiro se convirtió también en un tiempo de solidaridad espiritual.
Uno de los ejes centrales de la reflexión se expresó en una convicción simple y radical: para un franciscano, el claustro no es un espacio cerrado, sino una dimensión interior. El mundo entero es nuestro claustro.
A la escuela de san Francisco renovamos la conciencia de que cada realidad es un lugar de misión. La presencia de los Hermanos en las ciudades, parroquias y comunidades no constituye solo un ámbito operativo, sino que forma parte de la esencia misma de la vocación franciscana. El Hermano está llamado a caminar en la historia con ligereza, confianza y espíritu de fraternidad.
En este año en que celebramos los 800 años de la muerte de san Francisco, el Cántico de las Creaturas ocupó un lugar central en la meditación. No solo como expresión poética, sino como auténtica visión teológica y espiritual: reconocerse creatura, contemplar la presencia de Dios en toda realidad y acoger con paz la propia fragilidad.
La figura de san Francisco sigue hablando con fuerza a nuestro tiempo. En un mundo marcado por crisis, tensiones y desorientaciones, su testimonio de fraternidad, minoridad y paz sigue siendo una propuesta actual y necesaria.
El retiro concluyó con la certeza de que estos días no fueron una simple pausa, sino un renovado punto de partida. La oración compartida y la reflexión vivida en comunidad reforzaron la responsabilidad de testimoniar con autenticidad el carisma franciscano.
El mensaje de san Francisco no pertenece al pasado. Es palabra viva para el presente. Y nosotros, como Hermanos en esta Tierra de San Antonio, estamos llamados a hacerlo visible en la vida cotidiana, entre la gente, en el gran “jardín” que es el mundo.

Fray José Carlos CERDEIRA MATIAS.