Queridos Hermanos:
Al concluir el CCIII Capítulo general de nuestra Orden, deseamos llegar a cada uno de ustedes por medio de esta breve carta. Lo hacemos con sentimientos de profunda gratitud al Señor por los días vividos juntos en Roma, en el Seraphicum, comunidad que nos acogió a todos y nos hizo sentir como en casa. Éramos alrededor de 120 Hermanos, incluyendo a quienes colaboraron en la secretaría y la logística. Durante este tiempo nos entregamos al compartir fraterno, saludable discusión y decisivas votaciones sobre temas importantes y significativos para nuestra vida como Hermanos Menores Conventuales.
Desde el sitio web de la Orden han podido seguir día a día nuestro trabajo, así como algunos momentos de gracia, como el peregrinaje a Asís para elegir al Ministro general, que tuvo lugar en la víspera de Pentecostés, el 7 de junio de 2025. A la persona de Fray Carlos, confirmado en su servicio con amplio consenso, y a su Definitorio, expresamos nuestro aliento fraterno para que puedan animar a toda la fraternidad de la Orden con entrega y sabiduría en el próximo sexenio.
Al cierre del Capítulo tuvimos la alegría de ser recibidos en audiencia por el Papa León quien, recordando el octavo centenario de la composición del Cántico de las creaturas, nos dirigió estas palabras inspiradoras: «Sean, cada uno personalmente y en cada una de sus fraternidades, un vivo llamado a la primacía de la alabanza a Dios en la vida cristiana».
Como mensaje fraterno, queremos confiarles un fragmento del saludo de nuestro Ministro general al Cardenal Tagle, al inicio de la Celebración Eucarística en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, que precedió la audiencia con el Santo Padre. Nos parece que sintetiza bien lo que ha caracterizado los días del Capítulo.
«Hemos redescubierto, con renovada conciencia, algunas palabras que sentimos como brújula para nuestro presente: esperanza, misión, cualidad carismática. La esperanza nos impulsa a mirar más allá, a no dejarnos vencer por las dificultades o el cansancio del presente. Es la esperanza del Evangelio, que nace del Crucificado resucitado y nos convierte en hombres capaces de futuro. La misión es el corazón palpitante de nuestra vocación franciscana: ir, sin nada propio, a anunciar la paz, servir a los últimos, acompañar las preguntas de sentido de la humanidad, encontrar a Cristo en las periferias existenciales. La cualidad carismática, finalmente, nos remite a la belleza de nuestro don específico: vivir con radicalidad evangélica la fraternidad, la minoridad y la alabanza, como un signo creíble y atractivo para el mundo. En este horizonte se sitúa también nuestra diaconía por la paz y la fraternidad que queremos intensificar: una presencia humilde y tenaz allí donde reinan los conflictos, una palabra buena donde domina la violencia, un gesto de reconciliación donde parece imposible la comunión».
Queridos hermanos, somos conscientes de que aún caminamos hacia la plenitud de este ideal, pero deseamos acoger estas palabras sintiéndolas como una saludable provocación, y se las ofrecemos para que marquen los pasos de nuestro camino común.
Los Hermanos Capitulares
Roma, 21 de junio de 2025















