Prot. N. 0537/2025
Roma, 01 de junio de 2025

A los Hermanos Capitulares y a todos los Hermanos de la Orden

Queridos Hermanos:

Como bien sabemos, el 203.º Capítulo general ordinario de nuestra Orden (1-21 de junio de 2025) se celebra en el contexto particular del camino conmemorativo del VIII Centenario Franciscano (2023, aprobación de la Regla y Navidad en Greccio; 2024, el don de los Estigmas; 2025, la composición del Cántico de las creaturas; 2026, la Pascua de Francisco de Asís), del Jubileo de la Iglesia (2025) convocado por el Papa Francisco, y de la conmemoración del 1700 aniversario del Concilio ecuménico de Nicea, que ratificó solemnemente el símbolo de la fe (Credo) que aún hoy profesamos.

A esta lista, sin embargo, nos gustaría añadir otro aniversario importante, que estoy seguro, no pasará desapercibido para la asamblea capitular: el Centenario de la llegada de los primeros Hermanos conventuales a China (1925).

Este énfasis mío no se basa ni en la alusión al territorio al que se dirigió la misión (China) ni en la coincidencia centenaria de la conmemoración, sino en el ardor y la decisión que hicieron posible tal hazaña en aquellos años. En efecto, si hoy podemos considerar esta misión como un hito en la historia reciente de nuestra familia religiosa, es más bien por la fe, el valor, el testimonio e incluso el martirio de que fueron capaces nuestros Hermanos.

Fray Paolo FIASCONARO, Director del Centro Misionero de la FIMP y autor del libro conmemorativo China: el amanecer misionero de los Hermanos Menores Conventuales. Centenario de la apertura de la Misión (1925-2025)[1], se refiere a la llamada misionera de la Iglesia de la época, que fue acogida por la Orden: el Papa Benedicto XV (Carta Apostólica Maximum Illud) en 1919 y luego el Papa Pío XI (Bula de Convocación del Año Santo de 1925 Infinita Dei misericordia) promovieron las misiones en la Iglesia, y dos Ministros generales, Fray Domenico TAVANI y Fray Alfonso ORLINI, asumieron la invitación. “El General TAVANI -señala el autor- creó la Cruzada Misionera Franciscana para sensibilizar a los Hermanos” … y “en 1924, se votó la apertura de la Misión en China con el envío del primer grupo de 8 Hermanos (6 sardos, un siciliano y un toscano)” … que “partieron el 31 de julio de 1925 del puerto de Brindisi y, tras un viaje de tres meses y diez días, llegaron a la ciudad de Hingan, en la región de Shensi (Shaanxi) en China”. Entre aquellos valientes resplandece el nombre de Monseñor Giovanni SOGGIU OFMConv, fundador y primer Prefecto Apostólico de aquella misión, que fue masacrado mientras ejercía su ministerio al frente de la Misión[2].

No es secundario recordar que la llamada de la Iglesia y de la Orden a abrir las fronteras hacia nuevos horizontes no sólo se concretó en tierra china. De hecho, a principios del siglo XX hubo otras aperturas misioneras por parte de algunas Provincias que fueron igualmente importantes, como la misión a Japón (1930) por obra de San Maximiliano M. KOLBE y sus compañeros frailes, y la misión a Zambia (1931) con el venerable Siervo de Dios Fray Francesco Costantino MAZZIERI, y muchos otros Hermanos de diferentes jurisdicciones de la Orden.

La generosidad hacia la misión ad gentes en nuestra Orden se mantuvo viva a lo largo de todo el siglo XX y hasta principios de los años 2000. De hecho, por iniciativa propia o respondiendo al llamamiento de los sucesivos Ministros generales, varias Provincias han abierto nuevas misiones que, en nuestros días, constituyen la verdadera y concreta vitalidad de la Orden. Quiero dar las gracias a las Provincias que aún promueven, mantienen y revitalizan esas misiones.

En nuestros días, es decir, cien años después, con la bula Spes non confundit, el recientemente fallecido y cariñosamente recordado Papa Francisco convocó el presente Jubileo. En ella expresó: “que el testimonio creyente pueda ser en el mundo levadura de genuina esperanza, anuncio de cielos nuevos y tierra nueva (cf. 2P 3,13) …” (cf. n. 25).

Por su parte, el felizmente recién elegido Papa León XIV recordó algunos de los contenidos de la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco en uno de sus primeros discursos,[3] y entre los temas que mencionó se encontraba el de la necesaria conversión misionera de toda la comunidad cristiana (cf. n. 9).

En esta carta quiero vincular todos estos importantes momentos históricos. De hecho, en la introducción del citado libro del Centro Misionero Franciscano de la FIMP escribí: “Así como en 1925 era necesario responder a la llamada misionera con urgencia y generosidad, hoy, saber interpretar los signos de los tiempos nos urge a no subestimar el discernimiento, la formación y el compromiso con la vida misionera … Este centenario nos invita a purificar y recargar de espíritu y energía las misiones existentes y, con la gracia de Dios, a estudiar y actuar para abrir nuevas misiones … Invito a todos los Hermanos, a toda la Orden, a hacer brillar el ardor misionero, como hace 100 años”.

Uno de los signos de los tiempos, que no es difícil de advertir, se refiere al muy diferente grado de vitalidad en la propia Iglesia y a la diversa sensibilidad religiosa de los pueblos. De hecho, mientras muchos países de tradición católica milenaria o centenaria se alejan de la fe y de la práctica religiosa, en otras latitudes esperan con impaciencia la presencia de pastores, religiosos u otros evangelizadores.

Pero aún nos cuesta entender esta realidad. Prueba de ello es que, mientras en contextos de escasa sensibilidad hacia la vida creyente y eclesial seguimos llevando a cabo una apagada pastoral de conservación, en otras partes del mundo el pueblo de Dios y la jerarquía eclesiástica imploran nuestra presencia. El riesgo de refugiarse en la comodidad de lo conocido es una especie de omisión evangélica que se da no sólo en el viejo mundo, sino también en el nuevo; es decir, en todas las Provincias o Federaciones donde la tendencia a la comodidad o a la remuneración inmediata conduce a la desmotivación misionera o, peor aún, a la búsqueda de seguridad y, por tanto, a la falta de generosidad.

Gracias a Dios, hoy en día existen honrosos contraejemplos: Hermanos y Provincias que, aun partiendo de su propia pobreza, ofrecen su vida para anunciar a Cristo y pastorear a personas necesitadas de Dios, de dignidad y de una presencia transparente y creyente.                                                      

Hermanos, que la celebración de todos estos aniversarios, casi como un anticipo de la tierra nueva, sea para nosotros una ocasión para fortalecer nuestra fe, confirmar nuestra vocación y ofrecer al mundo una mirada franciscana renovada, revestida de una itinerancia misionera profética. ¡Que así sea!

Fray Carlos A. TROVARELLI
Ministro general

 
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[1] FIASCONARO, Fray Paolo, Cina l’alba missionaria dei Frati Minori Conventuali. Centenario dell’apertura della Missione (1925-2025). Copia anastática del libro de P. Matteo LUO OFMConv (1975). Entrevista a P. Paolo LIU, OFMConv (2025), Roma 2025. Centro Misionero Franciscano FIMP.
[2] SIMBULA, Fray Giuseppe, Mons. Giovanni SOGGIU, 1883-1930, missionario e martire in Cina (Mons. Giovanni SOGGIU, 1883-1930, misionero y mártir en China), Biblioteca Francescana Sarda, Oristano, 2005 (=Maestri e Testimoni 2).
[3] SU SANTIDAD PAPA LEÓN XIV, Discurso del Santo Padre al Colegio Cardenalicio, Sábado 10 de mayo de 2025.