La primera sesión del Capítulo general comenzó a las 9:15 h en el auditorium del Seraphicum, con el canto de invocación al Espíritu Santo y la guía del Ministro general. Tras el cumplimiento de las primeras formalidades, fue el propio Fray Carlos A. TROVARELLI quien presentó al Hermano capuchino Fray Štefan KOŽUH, originario de Eslovenia, pero actualmente perteneciente a la comunidad del eremitorio de Le Celle, en Cortona.

El predicador intervino tres veces en este día dedicado a la escucha del Señor. En la primera ocasión, a las 11.00 h, hubo una meditación sobre Pentecostés (Hch 2) porque, en primer lugar, el Capítulo debe dirigirse al Padre para pedirle su voluntad y luego ocuparse de las diversas incumbencias que la Orden debe afrontar. Pentecostés no es el recuerdo de un acontecimiento pasado, sino la presencia vivificante del Espíritu Santo que actúa en nosotros en este preciso momento. Como los Apóstoles en su tiempo, estamos inmersos en su fuerza y, si lo deseamos, nos convertimos en portadores entusiastas del mensaje de salvación. El don del Espíritu es también la entrega de la nueva ley, del nuevo precepto que ya no está escrito en tablas de piedra, sino en nuestros corazones. Como franciscanos, estamos llamados a vivir la libertad del Espíritu sin imponer nada, sino proclamando la presencia de la vida nueva en Cristo resucitado.
A las 16:00 h, la segunda intervención se centró en las bodas de Caná (Jn 2), donde el protagonista es, sin duda, Jesús, pero con la intervención providencial de la Madre. Ante todo, debemos creer en la presencia del Señor, que siempre obra en nosotros si estamos dispuestos a dejarnos moldear. Luego está la atención maternal que descubre el verdadero sentido de cada realidad histórica que plantea dificultades y desafíos siempre nuevos. Dios sigue preguntándonos dónde estamos hoy, como lo hizo con Adán al principio de los tiempos. Nuestra época está marcada por el individualismo, el hedonismo y el minimalismo. En obediencia al Hijo, estamos llamados a vivir concretamente la fraternidad, el don gratuito de nosotros mismos y la fe inquebrantable de María, Madre de la Iglesia, quien aún hoy nos señala el camino: “Hagan todo lo que Él les diga”.
El tercer momento fue durante la Celebración Eucarística presidida por el mismo Fray Štefan. En su homilía, recordó a todos los Hermanos que el Señor está siempre presente en nuestras vidas, aunque a menudo vivamos como si fuera una realidad alejada de nuestras preocupaciones y problemas. Citando al Papa Francisco en su Evangelii Gaudium, capítulo 3, recordó que, como bautizados y aún más como franciscanos, estamos llamados a encontrarnos personalmente con el Señor cada día. Cada jornada debe estar impregnada de la presencia del Resucitado, más allá de cualquier tarea o necesidad. Este es nuestro secreto carismático: poner siempre la presencia del Señor en el centro de nuestra vida y de nuestras decisiones.
Agradezcamos, pues, al Señor por esta jornada y por este tiempo oportuno que nos ha concedido, para que las decisiones capitulares sean siempre guiadas por el Espíritu dador de vida.

Oficina de Comunicaciones.