Del 3 al 25 de mayo de 2026, seis Hermanos de la Custodia provincial de San Francisco Antonio Fasani en Vietnam participaron en el programa de formación permanente promovido por la FAMC (Federation of Asian Minor Conventuals), realizando una peregrinación a las fuentes franciscanas que los llevó a Roma, Asís y Padua durante aproximadamente veinte días. Esta experiencia representó para ellos un valioso tiempo de crecimiento espiritual, fraternidad y renovación vocacional.
Hay caminos que no son simples viajes, sino un verdadero «retorno a las fuentes» del alma y del seguimiento de Cristo. La peregrinación a las fuentes franciscanas y el período de formación permanente vivido por los Hermanos vietnamitas no constituyeron solamente una etapa de su itinerario formativo, sino un auténtico don de regeneración que les brindó la oportunidad de profundizar en la espiritualidad franciscana, releer la historia de la Orden y, más profundamente aún, regresar al Corazón de Dios en el silencio de la interioridad.
Entre las exigencias del ministerio pastoral y las fatigas de la vida cotidiana, este tiempo se reveló como un verdadero «intervalo de gracia». Los participantes elevaron su acción de gracias al Señor, que los ha protegido y mantenido unidos en el vínculo de su huynh đệ đoàn (fraternidad). Expresaron también su sincera gratitud al Ministro general, al Vicario general, a los miembros del Definitorio general y a los distintos Guardianes que los acogieron. Agradecieron especialmente a Fray Giuseppe PARK, Asistente general de la FAMC, por sus valiosos consejos y por la dedicación con la que acompañó el camino de reflexión del grupo. La solicitud fraterna, la hospitalidad sencilla y el espíritu de servicio silencioso de todos los Hermanos, junto con Fray Tomasz NGUYỄN (Đinh Anh Nhuệ), Fray Francisco Javier HOÀI (Trần Văn) y Fray Jerzy NOREL, constituyeron una fuente de consuelo y un ejemplo concreto de entrega franciscana.
El corazón de esta experiencia fue la meditación sobre el Transitus, el acto supremo del ‘paso’ de San Francisco. Recorriendo los lugares marcados por la presencia del Seráfico Padre y deteniéndose en oración en ermitas impregnadas de silencio, los participantes pudieron redescubrir la riqueza de una tradición espiritual que continúa transmitiendo su fuerza a través de los siglos. El Transitus no es solamente el momento final de la vida del Santo, sino la culminación de una existencia vivida en el paso constante de la propia voluntad a la voluntad de Dios. La reflexión sobre este misterio recordó la necesidad de una conversión continua, de un constante éxodo del hombre viejo para revestirse de la humildad de Cristo pobre y crucificado. Para los franciscanos de hoy, cada etapa de la formación permanente está llamada a convertirse en un Transitus: morir a sí mismos para que el Evangelio cobre vida en las acciones, en las relaciones y en la misión.
Al recorrer la historia de la Orden, desde los humildes orígenes de San Francisco y de los primeros Hermanos hasta nuestros días, surgió con claridad la conciencia de que todo es don. Las celebraciones litúrgicas, el compartir la mesa y el diálogo fraterno constituyeron el cauce en el que se renovó la alegría de la vocación. Al término de la peregrinación, lo que permanece no son solamente los recuerdos de los lugares santos visitados, sino la renovada conciencia de que el Transitus representa un camino cotidiano para todo franciscano.
Que el Señor, que comenzó su obra en San Francisco, continúe modelando la vida de sus hijos en un testimonio evangélico sencillo y alegre, para que su existencia se convierta en el mundo en un signo vivo de la paz y del amor de Dios.
Fray Peter Giuliano Eymard HOÀNG (Thanh Đông).










